

Author: Daniel Creuzfeldt
(Please see the Spanish translation below)
The second conference on Canarian cultural identity took place in the archaeological museum of Fuerteventura in Betancuria on the 14th of April 2024. Its focus was on the archipelago’s cultural patrimony, as well as its role in the construction of Canarian identity.
Canarian identity has been the subject of much discussion lately given the many stakeholders involved in defining it. Local cultural institutions, community members, the tourist industry and global organisations like UNESCO each have different perspectives on what constitutes cultural identity in the archipelago. These actors can have conflicting views on what heritage means, which is why conversations like this one are of great importance. The panel drew on expertise from a wide range of fields, among them museology, anthropology, archaeology and education with the speakers Verónica Alberto, Elena Acosta, Ruth Azcárate, María Elena Gutiérrez, María José Alcántara and sociologist Roberto Gil acting as moderator.
In line with the title of the event, the structuring themes of the conversation were heritage, its role in the formation of collective identity and the role, in turn, of the education system in effectively truncating a sense of transgenerational continuity with respect to what it means to be Canarian.
The panel emphasised the political nature of cultural heritage. Verónica Alberto points out that technically heritage can be anything that can be passed on between generations. However, the question of which elements of patrimony are most important for Canarian identity is the subject of debate. María Elena Gutiérrez puts forward the example of the Tostón castle in El Cotillo, Fuerteventura, which is considered important to local identity from an institutional perspective, but that is not necessarily thought of as such by locals. They may see it as more of a feature of the island’s tourist industry as opposed to a place they have a visceral relationship with. Greater active participation on the part of locals in the creation and maintenance of cultural heritage is lacking. This can be summed up in the phrase ‘al museo le falta calle’ (“the museum isn’t streetwise”). Born from a museum justice movement in Latin America, this phrase refers to the gulf that often exists between institutions charged with protecting and preserving heritage for all, and the communities from which culture emerges and to whom it belongs.
In order to achieve such a reorientation toward a vision of heritage that involves the general public more directly, education also needs to undergo a transformation. The view of heritage as something confined to the past and frozen in a glass box ought to be countered. In the case of Canarias, the islands’ rural past is seen as an important element of cultural identity. Nonetheless, as Elena Acosta points out, such rural lifestyles have largely become extinct. Festivals where locals don the garb of XIX-century peasants, a vision supported by local authorities, are superficial appropriations of the past and have little to do with the urbanised context within which the majority of Canarians live today. This includes how locals relate to their indigenous heritage. Instead of insisting on highlighting the cultural phenomena of bygone eras, what ought to be emphasised is the fact that Canarian heritage is a living thing that is produced by all members of society on a daily basis.
As stated by Gutiérrez, the idea is for the community to actively engage in and “eat up” the museum, instead of having collective memory managed by experts and specialists in siloed environments. Museums must become a more integral part of the societies they seek to represent.
The panel diagnosed the issue of and need to involve communities from the bottom up. It is worth bearing in mind the fact that the panel was exclusively comprised of experts and academics lays bare the current lack of community voices involved in discussions about heritage and identity. If museums tend to reinforce static ideas of the past, how can education enable the co-creation of Canarian identity?
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II Tertulia IDENTITARIA CANARIAS – Patrimonio, Identidad, Educación
La segunda conferencia sobre la identidad cultural canaria tuvo lugar en el museo arqueológico de Fuerteventura en Betancuria el 14 de abril de 2024. Su enfoque principal fue el patrimonio cultural del archipiélago, así como su papel en la construcción de la identidad canaria.
La identidad canaria ha sido objeto de mucha discusión últimamente, dada la cantidad de actores involucrados en definirla. Las instituciones culturales locales, los miembros de la comunidad, la industria turística y organizaciones globales como la UNESCO tienen cada una perspectivas diferentes sobre qué constituye la identidad cultural en el archipiélago. Estas partes interesadas pueden tener visiones conflictivas sobre lo que significa el patrimonio, razón por la cual conversaciones como esta son de gran importancia. El panel contó con la experiencia de una amplia gama de campos, entre ellos museología, antropología, arqueología y educación por medio de las ponentes Verónica Alberto, Elena Acosta, Ruth Azcárate, María Elena Gutiérrez, María José Alcántara y el sociólogo Roberto Gil actuando en capacidad de moderador.
En línea con el título del evento, los temas estructurantes de la conversación fueron el patrimonio, su papel en la formación de la identidad colectiva y el papel, a su vez, del sistema educativo en truncar efectivamente un sentido de continuidad transgeneracional con respecto a lo que significa ser canario.
El panel enfatizó la naturaleza política del patrimonio cultural. Verónica Alberto señala que, técnicamente, el patrimonio puede ser cualquier cosa que pueda pasarse entre generaciones. Sin embargo, la cuestión de qué elementos del patrimonio son más importantes para la identidad canaria es objeto de debate. María Elena Gutiérrez pone como ejemplo el castillo del Tostón en El Cotillo, Fuerteventura, que se considera importante para la identidad local desde una perspectiva institucional, pero que no necesariamente es visto como tal por los lugareños. Ellos pueden verlo más como un producto de la industria turística de la isla en lugar de un sitio con el cual tengan una relación visceral. La falta de participación activa por parte de los locales en la creación y el mantenimiento del patrimonio cultural puede resumirse en la frase “al museo le falta calle”. Nacida de un
movimiento de justicia museal en América Latina, esta frase se refiere a la brecha que a menudo existe entre las instituciones encargadas de proteger y preservar el patrimonio para todos, y las comunidades de las que emerge la cultura y a las cuales pertenece.
Para lograr una reorientación hacia una visión del patrimonio que involucre más directamente al público en general, la educación también necesita transformarse. Debe contrarrestarse la visión del patrimonio como algo confinado al pasado y congelado en una vitrina. En el caso de Canarias, el pasado rural de las islas se considera un elemento importante de la identidad cultural. No obstante, como señala Elena Acosta, tales estilos de vida rurales se han extinguido en gran medida. Las fiestas donde los locales se visten con la indumentaria de los campesinos del siglo XIX, una visión apoyada por las autoridades locales, son apropiaciones superficiales del pasado y tienen poco que ver con el contexto urbanizado en el que vive la mayoría de los canarios hoy en día. Esto incluye cómo los locales se relacionan con su patrimonio indígena. En lugar de insistir en resaltar los fenómenos culturales de épocas pasadas, lo que debería enfatizarse es el hecho de que el patrimonio canario es algo vivo que es producido por todos los miembros de la sociedad a diario.
Como señaló Gutiérrez, la idea es que la comunidad se involucre activamente y “se coma” el museo, en lugar de que la memoria colectiva sea gestionada por expertos y especialistas en entornos aislados. Los museos deben convertirse en una parte más integral de las sociedades que buscan representar.
El panel diagnosticó el problema y la necesidad de involucrar a las comunidades desde la base. Vale la pena tener en cuenta el hecho de que el panel estaba compuesto exclusivamente por expertos y académicos, lo que deja al descubierto la actual falta de voces comunitarias involucradas en las discusiones sobre patrimonio e identidad. Si los museos tienden a reforzar ideas estáticas del pasado, ¿cómo puede la educación permitir la cocreación de la identidad canaria?